«Crecí en una de las zonas más peligrosas de Lima. Hice la secundaria en un colegio en el que las peleas con botellas, palos y piedras detenían el tráfico. Y en ese mundo hay que ser bravo, el que tiene miedo se vuelve el saco de golpear de los demás. En cambio, no tener miedo te vuelve una leyenda. En la primaria le tenía miedo a todo, pero en la adolescencia me propuse infundir respeto. Y la única forma que conocía era con los puños. Había un muchacho en el barrio al que todos le tenían miedo, decían que había estado en la cárcel. Nadie se hubiera atrevido a enfrentarlo.…»

‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎‎